[Pasaje de un libro sobre los barrios de la ciudad de Dunwall]

Durante más de dos décadas, una serie de pequeños mataderos se asentaban a orillas del Wrenhaven, lejos de los barrios elegantes de Dunwall, para que estos evitasen la sangre, las ratas y el olor derivados de procesar la carne. Los balleneros independientes llevaban algún leviatán de vez en cuando y las barcazas transportaban manadas de bueyes. Debido a la mala gestión, a veces cerraba algún matadero, pero casi siempre había los mismos; producían carne, piel y derivados del aceite para la capital.

El negocio de las ballenas no empezó a crecer hasta que se descubrió el sistema de procesado de Rosebury, y lo hizo gracias a los múltiples usos del aceite de ballena refinado, incluidos los militares y en seguridad. A principios del fugaz reinado de la emperatriz Jessamine Kaldwin, el afamado inventor y filósofo natural Anton Sokolov introdujo una serie de dispositivos que comenzaron a emplearse por toda Dunwall bajo la dirección del jefe real de espionaje, Hiram Burrows.

Gracias a estos lucrativos acontecimientos, el número de mataderos se cuadruplicó y la demanda de ballenas frescas aumentó en la misma proporción. Muchos barrios contiguos a la que se comenzó a conocer como la zona de los mataderos empezaron a transformarse, al mudarse muchas familias para evitar los humos y los vertidos de las plantas de procesamiento. El número de delitos aumentó de un día para otro y la Guardia tuvo que duplicar sus esfuerzos para combatir a las bandas de Dunwall.

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